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Miércoles, 23 de diciembre de 2009 – 04:00 h.

Luis María Marín Royo acaba de publicar dos libros sobre Costumbres, tradiciones y maneras de vivir en Tudela. Permitidme que me refiera al titulado Celebraciones a lo largo del año, que acabo de leer con deleite.

En la presentación que hace las veces de prólogo, afirma Pedro M. Sánchez Eguialde que considera a Luis María un investigador meticuloso y documentado y un historiador objetivo y ameno. Suscribo esta apreciación. Creo que Marín es ya un historiador en plena madurez, que se ha marcado el reto de venir a continuar la obra de esa pléyade de cronistas e historiadores locales, que muy pocas ciudades de la categoría de Tudela pueden contar en su haber. Ya he escrito en alguna ocasión que este autor tiene el mérito de ser un investigador vocacional, que a fuerza de horas de trabajo, quitando tiempo al ocio y al sueño, ha conseguido sacar a la luz más de 40 publicaciones de indudable interés sobre distintos temas, tratados siempre con amenidad y rigor.

El texto recopila y describe fiestas y celebraciones antiguas que se perdieron -unas hace mucho tiempo y otras en época más reciente-, y recoge y da testimonio fiel de todas las que se siguen celebrando, para que si un día se pierden, quede memoria de ellas a las generaciones futuras. Por ello, se puede decir que el libro nace con vocación de documento.

El contenido del trabajo está dividido en dos partes. En la primera, titulada ritos y creencias en el costumbrismo tudelano, el autor expone algunas ideas generales que ayudan a entender la mentalidad que dio origen e inspiró vida a esas fiestas, que son, en su mayoría, religiosas, porque la religión, hasta no hace muchos años, regía e impregnaba la vida de los tudelanos. Prueba de ello es que, desde tiempo inmemorial, el ayuntamiento asistía en corporación, con sus maceros y alguaciles, a más de 50 procesiones y funciones de iglesia, dándoles con su presencia mayor boato y solemnidad. En esta primera parte habla de algunas cosas curiosas, como la Caja del mostillo, que era como se conocía la que se usaba para conducir al cementerio a los muertos más pobres; la Pliega, que era la cuestación que se hacía por las casas a beneficio del hospital; el Rezo por las Ánimas, que solicitaba por la calle el pregonero, o los distintos Toques de campanas que se acostumbraban para cada ocasión.

La segunda parte ofrece al lector un recorrido por el calendario festivo de la ciudad, en el que, mes a mes, el autor recoge todas las fiestas, antiguas y modernas, que se celebran en Tudela, así como las que se hacían antiguamente y se han ido perdiendo. Algunas de esas fiestas son o fueron netamente tudelanas. Muchas otras son o han sido comunes a toda Navarra y España, lo que en otros tiempos de creencias más arraigadas se conocía como la Cristiandad. Pero aún en éstas, resulta interesante constatar las peculiaridades con que se celebran en Tudela. Pensemos, por ejemplo, en el popular Volatín y en la singular Bajada del Ángel.

El libro se lee con facilidad y con gusto. Junto a las noticias históricas, siempre documentadas con signaturas de archivo, referencias bibliográficas, recuerdos propios o testimonios orales recogidos hace bastantes años por el propio autor, se ofrecen numerosas anécdotas y sucesos curiosos, muchos de ellos inéditos, que incluso a mí, que no soy tudelano, me han resultado sumamente interesantes.

Las fotografías, además de servir como ilustración al texto, le aportan el valor documental que tienen en sí mismas las imágenes gráficas.

En resumen: un libro para leer y para consultar, que ayuda al lector a sumergirse en la historia y las tradiciones, que es como decir en el alma misma de la vieja Tudela.

JUAN JOSÉ MARTINENA RUIZ

Pulse aquí para ver el articulo original.

 

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