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JESÚS MANRIQUE . TUDELA
Miércoles, 3 de noviembre de 2010 – 04:00 h.
Luis Mª Marín Royo, a la derecha, junto a Alberto Catalán y Luis Casado, en el salón de plenos y con el público a sus espaldas. BLANCA ALDANONDO

Luis Mª Marín Royo, a la derecha, junto a Alberto Catalán y Luis Casado, en el salón de plenos y con el público a sus espaldas. BLANCA ALDANONDO

La presentación del libro El Fuero de Tudela se convirtió en una inmejorable ocasión para rendir un homenaje a su autor, Luis María Marín Royo. El acto tuvo lugar en el salón de plenos del ayuntamiento y contó con la presencia del consejero de Relaciones Institucionales y de Educación, Alberto Catalán; el alcalde, Luis Casado; y cerca de 100 asistentes.

Marín Royo, de 64 años, suma 45 libros históricos y costumbristas sobre Tudela y la Ribera, y también ha publicado más de 1.000 artículos en diversos medios, entre ellos Diario de Navarra.

Casado presentó el acto de ayer como un homenaje al autor «por la labor que hace por Tudela y su trabajo desinteresado». «Es un reconocimiento a su persona y el mejor lugar es el salón de plenos, donde se toman las decisiones importantes de la ciudad. Hay que agradecerle su trabajo, su gran amor por la ciudad, su tratamiento riguroso de los temas… Todos nos debemos congratular por tener personas como Luis María», afirmó.

Catalán también destacó la labor de Marín Royo. «Merece la pena que haya personas como Luis María, que aporta su trabajo y dedicación de forma desinteresada. Bien merece este homenaje», afirmó. El escritor reconoció sentirse «abrumado» por el reconocimiento y luego explicó a los asistentes los pormenores de su nueva obra.

Presentación del libro

Y es que el homenaje no restó protagonismo a la presentación del libro El Fuero de Tudela, que analiza su origen, lo transcribe y traduce a partir de las tres copias medievales conocidas guardadas en la biblioteca de Copenhague (Dinamarca), y la Academia de la Historia y la Biblioteca Nacional españolas. Está editado por el Gobierno foral y es fruto de 6 años de investigación del autor. Este Fuero era la legislación por la que se regía la zona desde el siglo XII.
Engaño de los tudelanos
Una de las principales conclusiones de la investigación de Marín Royo es que, al contrario de como se pensaba, el Fuero de Tudela, otorgado en 1119 por Alfonso I El Batallador tras conquistar la ciudad, no era el de Sobrarbe, ya que éste ni siquiera existió. «Está claro que el fuero que se concedió a Tudela fue originalmente el mismo que a Zaragoza, el de los Infanzones de Aragón», afirma el autor.

La explicación llega más tarde, tras la muerte de Sancho VII el Fuerte y la llegada de su sobrino, Teobaldo I, a mediados del siglo XIII. Procedía de Francia, no conocía la lengua ni costumbres, y pidió tener los fueros por escrito para saber qué iba a jurar.

Fue en ese momento cuando, según destaca el autor, los nobles navarros aprovecharon para introducir un buen número de leyes como pertenecientes a un fuero al que denominaron Sobrarbe. Su objetivo era proteger sus intereses e, incluso, conseguir beneficios, como el compromiso de que los tudelanos no tenían que pagar al Rey peajes ni impuestos, si no era para guerras, batallas campales o ante el asedio de sus castillos. Es decir, se trató de un engaño al nuevo Rey para conseguir sus objetivos.

«Se introdujo lo de Fueros de Sobrarbe, así como fechas y nombres falsos, cambiándose incluso la fecha de la conquista de la ciudad y añadiéndole las leyes que convenían. Los tudelanos manipularon el documento de concesión del Fuero de Tudela y el de Sobrarbe es un mito que se inventaron los juristas en el siglo XIII para añadir lo que convenía en aquel momento», refrenda Marín.

Tres religiones conviviendo

A partir de entonces, las leyes que conformaban el Fuero de Tudela original se fueron modificando y diferenciando del de Zaragoza para acomodarse a las necesidades de la zona, lo que también le dio algunas peculiaridades.

Una de ellas es que el Fuero contempló los usos y costumbres de las tres religiones que convivían en la villa. «Llegó a ser uno de los conjuntos de leyes para cristianos, judíos y moros más completos e interesantes del medievo», señala Luis María Marín Royo.

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